"De guardia con Oscar" de David Dosa

Al acercarme, la cabeza de un gato de pelaje blanco y negro asomó por debajo de las sábanas… Erizó las orejas y me miró con ojos interrogantes. Lo ignoré y me aproximé a la paciente. El felino volvió a recostar la cabeza en sus patas delanteras y ronroneó suavemente mientras se hacía un ovillo pegado a la pierna derecha de la señora Davis. Observé el rostro de la mujer y noté que parecía muy relajada...Últimamente nos hemos fijado en que pasa más tiempo con algunos pacientes… La cosa es que Oscar sólo se queda con pacientes que están a punto de morir.

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Doctor Dosa, Oscar ha sido para mí como un ángel. Estaba aquí por mi madre y por mí también. Con Oscar a mi lado, bueno, me sentí un poco menos sola. Es difícil de explicar, pero algunos animales, no sé, te dan la impresión de que entienden lo que sucede. Más incluso, parece que lo aceptan. Oscar me dio la sensación de que todo esto es algo natural. Y lo es ¿verdad? Si nacer es un milagro, ¿por qué no va a serlo también morir?

Oscar se convierte en este libro en el protagonista mudo que obliga al Doctor Dosa a profundizar y conocer, desde otro punto de vista que no es el médico, las vivencias de enfermos y familiares en relación con el alzhéimer o demencia senil que la población actual padece cada vez en mayor número.
Oscar predice, sabe, siente cuándo debe acercarse a un enfermo para ayudarle a pasar del estado de vivir al de morir, y los que quedan a este lado perciben paz tanto en el que se va como en ellos mismos.
En mi opinión, es este un libro que puede despertar muchos y diferentes sentimientos, emociones positivas y negativas; todo dependerá de lo que cada uno de los lectores  piense acerca de la vida y la muerte; del miedo a observar ese tránsito en aquellos a los que ama o del propio; de las experiencias que haya tenido con la enfermedad.
A mí, que no temo ese cambio de estado y veo a mis mayores acercarse a la edad en la que pueden empezar a sufrirla, su lectura me ha aportado comprensión, paciencia, serenidad, dar sin esperar recibir, que no es otra cosa que lo que Oscar pretendía enseñar o tal vez no, simplemente estaba en su naturaleza. 

Si mi pequeña gata Rassel, con tan sólo un año, percibió en mí la inmensa tristeza que sentí cuando me anunciaron que mi querido tío José había muerto, mirándome, lamiéndome, esperando a que la cogiera en brazos, no queriendo separarse de mi lado ¿por qué voy a cuestionar que Oscar supiera cuándo se irían los enfermos de alzhéimer que convivían con él en la Residencia?

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